Se simple, confía más, duda un poco menos Abril 10, 2009
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Las lecciones más difíciles de aprender
son también las más valiosas.
Un buen Hombre es difícil de encontrar Abril 7, 2009
Posted by Frank in ensayos.Tags: carrera, difícil, grito, hombre, lobo, mujer
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Mi momento favorito del día.
Todavía esta oscuro, pero en el lejano horizonte del este la oscuridad del cielo de la noche esta siendo invadida con el gris escalofriante del inevitable amanecer. El viento es tan solo un delicado soplo de aire nocturno, llevando los diferentes aromas de la vida nocturna a mí. Huelo pizzas y comida rápida barata, huelo Filet Mignon y sushi… Huelo perfume y sudor, huelo sexo y enfermedad. Es una cacofonía de olores, y muevo mi cabeza de un lado al otro, tratando de determinar distancia y dirección de las diferentes fuentes de los diferentes olores. Desde mi lugar en lo alto del techo cerca al puerto tengo una vista excelente de los variados lugares a los que viene la gente a estar sola; ya sea sola junto con otra persona, o simplemente sola. La acera a lo largo del canal, justo debajo de mí es larga, y muy solitaria y oscura. Muchos de los peatones tardíos con rumbo a las paradas de buses para llegar al primer bus de la mañana pasan por aquí.
Vuelvo a girar la cabeza. Hay un sonido de talones contra las piedras húmedas de la acera. Siento un aroma de cuero, loción para después-de-afeitar barata… Aqua Velva… y sudor. Hay algunas cosas a las que no me someto. Unos segundos después un hombre pasa rápidamente, peligrosamente cerca al canal. No hay pasamanos en esta porción del camino, o sea que si se tropieza caerá al agua. Por suerte mantiene el equilibrio y llega a las escaleras que lo llevarán al puente y a los buses al otro lado del canal.
Apenas alcanza la parte alta de las escaleras al puente el sonido de alguien caminando llama mi atención. Comienzo a olfatear el viento y llega una mezcla medio placentera de pizza, humo de cigarrillo y jabón. Esta persona no se apresura. El – es el olor de un hombre – está caminando, ni rápido ni lento. El no esta preocupado sobre qué puede estar escondiéndose entre las sombras. El no le tiene miedo a la noche.
Sonrío con satisfacción personal. Lo tendrá…
Camino a la esquina del edificio y rápidamente llego al suelo por la vieja tubería de desagüe. A mitad de la bajada me detengo brevemente a escuchar. El aún camina confiadamente por el borde del canal. Veo su silueta contra el pobre resplandor del agua. Es alto, lo cual es bueno. Me gustan altos; altos y de preferencia fuertes.
Caigo al suelo y corro ligeramente en la sombra, hacia el puente. No produzco sonido alguno, y él prosigue sin detectar mi presencia. Llega al comienzo de las gradas que lo llevarán al puente al mismo tiempo que yo comienzo a escalar las piedras deformadas. Me aparto de las gradas mientras él termina de subir; escucho sus botas dar cada paso mientras me posiciono debajo de una luz callejera, esperándolo.
Lo que ve cuando sale a la acera en el puente es una mujer joven, con poca ropa en un top y una falda corta, casualmente apoyada contra el pasamano. No tiene botas ni zapatos, el cabello oscuro y ondulado bajando por su espalda. Casi se detiene cuando me ve, y sonrío.
“Hola”, le digo, como si esto fuera la cosa más natural del mundo. “Te animas a una carrera?”
“Si quiero qué?!” El continúa caminando, pero lentamente.
“Si quieres correr contra mi” le repito pacientemente. “Hasta el final del puente”.
Me mira de abajo a arriba, y luego sacude la cabeza. “No, no quiero correr”.
“Si no lo haces”, le digo, “te mataré”.
“Sí, claro! Jódete!” Sacude la cabeza de nuevo. “Loca!”.
Salto delante de él cuando trata de pasar al lado mío en la estrecha acera. No hay carros a la vista, ni tampoco otros peatones. Este es la hora muerta, justo antes de que amanezca.
No soy muy alta, pero tal vez reconoce la mirada en mis ojos; esa mirada que dice ‘no te metas conmigo’. Su mano se mueve hacia su bolsillo trasero y saca un teléfono celular.
“Porqué querrías llamar a alguien justo ahora?”
Un movimiento rápido y su celular esta volando por la noche, rebotando lentamente y ocasionalmente reflejando la suave luz más cercana. Desaparece por el pasamano, pero en lugar de un splash satisfactorio cuando llega al agua del canal, hay sólo un pequeño y patético ‘crack’. Debe haber golpeado el pavimento en el borde.
“Qué DIABLOS estás haciendo??” grita, poniendo la mano contra el pecho. No le pegué tan fuerte. Sonrío de nuevo. Siempre encuentro que una sonrisa me consigue más y mejores resultados que palabras duras o amenazas.
“Vamos”, le digo. “Una carrera hasta… los contenedores que ves, justo pasando el final del puente. Si llegas a pones una mano en los contenedores antes que te alcance, vives. Si no… bueno…”
Todavía sigue mirándome. De manera enojada, por su mano y su celular, precavidamente, por la forma que parezco seria en lo que digo – e incrédulamente, porque, cuando todo está dicho y hecho, soy sólo una mujer joven, unos 1.60 metros y relativamente flaca. Suspiro y dejo caer los hombros un poco.
“Mira…”, le digo, y saco los $100 arrugados que mantengo metidos en el bolsillo de mi falda. “Toma esto. Si me ganas hasta los contenedores, puedes quedártelo”.
Para provocar interés en un hombre lo único que debes hacer es mostrarle dinero. Este hombre es, lamentablemente, igual a todo el resto. Saca la mano lentamente y toma el billete.
“Así de simple?” pregunta, y de repente su voz suena confiada y condescendiente. Le digo que sí. Sé lo que esta pensando. Aunque llegue a los contenedores antes que él, está convencido que nunca podré recuperar el dinero. Está bien. Lo hace más entretenido.
“Entonces…”, dice. “A la cuenta de tres o qué?”
“Sólo corre”, le digo, y me aparto de su camino. “Sólo corre”.
Comienza a trotar, mirando hacia atrás al comienzo. Le sonrío para motivarlo y miro alrededor para asegurarme que no hay nadie que arruine mi velada. Este es uno de los lugares más solitarios del pueblo a una de las horas más tranquilas de la noche, por lo cual me gusta aquí. Estos son mis territorios de caza.
Me estiro y bostezo. Siento el estremecimiento incrementando profundamente mientras me observo. El sigue trotando por la acera, mirando atrás cada cierto tiempo, así que sonrío una vez más y me dejo ir. Comienzo a cambiar, disfrutando del dolor, la alegría y la nueva yo que emerge. Cambio y el mundo se vuelve un lugar diferente y mucho más excitante. La diversión puede empezar.
Segundos después de que su cerebro ha traducido las señales llegando de sus ojos, parece dejar de mandar señales a sus piernas. Se tropieza, cayendo al suelo sobre sus propias piernas, pero trata de seguir corriendo con sus manos y rodillas. Puedo ver que esta tratando de gritar, pero el sonido no es muy fuerte. Aún así, me doy una sacudida para comenzar a acostumbrarme a esta forma. Dos patas son ahora insuficientes, o sea que caigo sobre las cuatro; mis ojos siguen observando, pero mi nariz es la que controla todo ahora. Puedo escucharlo tan claramente ahora. Su corazón late aceleradamente, y su respiración… aún no puede calmarse. Sigue tratando de gritar. Escucho los sonidos casi afónicos que salen de su garganta y espero. Me gusta cuando gritan.
Sin embargo no grita. En un instante se da cuenta que es un hombre muerto a menos que pueda alejarse de mi, de modo que salta sobre sus pies y comienza a correr. Inspiro aire profundamente y aúllo, sólo por hacerlo. El sonido hace que suelte un grito fuerte, mientras sigue corriendo. Me río y dejo que mis patas traseras me impulsen hacia delante en saltos largos y sin esfuerzo. Admito que mi risa suena como un gruñido fuerte, pero al menos hace que realmente le ponga ganas a su carrera de pánico por la vida.
“Corre!” le grito, y las palabras salen como un aullido-gruñido. Me regocijo en la nube caliente que constituye el olor de su miedo. Observo su espalda mientras me acerco a él, pero en lugar de saltar y hacerlo caer me pongo a su lado. Jugueteando le arranco un pedazo de la manga de su chaqueta, levemente dependo su brazo también, haciéndolo estremecer y acelerar el paso aún más. Es un buen corredor, este sujeto. Sus piernas están latiendo, su corazón esta palpitando, sus pulmones están pidiendo más aire. Lo empujo con mi hombro y lo mando tropezando hacia la acera – pero se mantiene de pie y sigue corriendo.
El final del puente se acerca, los contenedores están a unos meros 75 metros. Su respiración es muy pesada ahora y comienza a flaquear. Lo empujo de nuevo. Esta vez se cae, pero aún en su estado casi inconsciente de miedo y cansancio se las arregla para rodar y volverse a levantar casi inmediatamente. Salto hacia delante y agarro la parte trasera de su chaqueta, pero este tipo es ingenioso: en lugar de dejarse caer suelta su chaqueta, dejándome con las patas delanteras enredadas y a él libre para lanzarse hacia los contenedores. Hay un resonante “Tongggg” cuando golpea el costado de la caja grande de acero, yo me detengo y boto su chaqueta, levemente asombrada.
“Gané”, gimotea. “Yo gané! Me tienes que dejar ir!”
Digo muchas palabras que probablemente hubieran hecho que se sonroje, si hubiera podido escucharlas como palabras en lugar de un largo y enrabiado refunfuño. Luego me concentro y cambio de vuelta. Su expresión va de aterrado-triunfoso vía aterrado-disgustado a aterrado-impresionado. Me sacudo y boto el cabello hacia atrás. Mi ropa yace en algún lugar sobre el puente.
“No esta mal”, le digo. “De hecho ganaste, no es así? Te puedes quedar con los 100”.
Se agacha, necesitado de aire, sus piernas temblando. “Y no puedes matarme”, me aclara. “Lo dijiste tu misma”.
“Supongo que si”; no estoy feliz. “Qué tontera!”
Esta recuperando el aliento y no me gusta su actitud. Puede que sea una mujer-lobo y puede que lo haya asustado hasta casi la muerte hace sólo unos segundos, pero también soy una mujer desnuda y juro que me esta ojeando. Se esta balanceando contra el gran contenedor con una mano, limpiándose el sudor de su cara con la otra – y lo veo observando mis pechos. Una cosa que no me gusta es ser ojeada por un tipo estúpido que acaba de ganarme en mi propio juego! Así que le doy un puñete.
Se escucha un “crack”, algo roto, y un “Tonggg”. El “crack” probablemente sea su quijada, lo roto puede ser su cuello y el “Tonggg” ciertamente es su cráneo contra el contenedor de acero. Cae al suelo como un muñeco de trapo botado por un niño enojado.
Recupero mi dinero de sus manos inmóviles y lo dejo botado allí. Esta no ha sido una buena noche. Estaba contando con comer luego de una caza satisfactoria, pero me quedo con caminar de vuelta por el puente buscando mi ropa mientras mi estómago esta gritando y pateando mis costillas. No existe nada satisfactorio sobre desgarrar un cuerpo inconciente o muerto, de manera que tendré que comer una hamburguesa en su lugar.
Suspiro. Ser una mujer-lobo realmente no es todo lo que dicen que es.
